Por: The Workshop Team, 25 de Deciembre de 2025
La Navidad está llena de cantos alegres, luces brillantes y un ambiente cálido de celebración; sin embargo, en el corazón de esta temporada santa se encuentra un silencio profundo y sagrado. El querido villancico “Noche de Paz” nos recuerda que Cristo no entró al mundo con ruido o espectáculo, sino en la quietud: un nacimiento humilde envuelto en el silencio profundo de la noche en Belén. De la misma manera, nuestra vida espiritual necesita momentos de quietud para poder recibirlo. La adoración entusiasta y la alabanza carismática tienen su lugar para expresar alegría, pero sin silencio muchas veces perdemos el suave susurro de Dios. Es en la quietud —como en aquella primera noche silenciosa - cuando el alma se vuelve lo suficientemente atenta para escuchar la voz de Cristo dentro de nosotros.
La Necesidad de un Tiempo Personal de Oración
La comunicación siempre es de doble vía. No podemos seguir hablando en una llamada telefónica sin darle a la otra persona la oportunidad de responder; sería de mala educación, y tarde o temprano la otra persona colgaría. Lo mismo ocurre con la oración. Si la oración es realmente comunicación con Dios, entonces debemos dejar espacio para que Él nos hable.
El día tiene 24 horas. Si dedicáramos siquiera un 10% de ese tiempo a Dios, serían unas 2.4 horas de oración personal diaria. ¿Qué hacemos con todo ese tiempo? Leer la Escritura es maravilloso. Los católicos pueden dedicar 30 minutos al Rosario o a la Coronilla de la Divina Misericordia. Pero aun así, queda mucho tiempo disponible. Si nuestra vida de oración se convierte en hablar sin parar —una especie de “habladorismo espiritual”— no creceremos. Tal vez ha llegado el momento de dejar de balbucear ante Dios y empezar a escucharlo en silencio. Pasamos tanto tiempo diciéndole a Cristo lo que queremos; también debemos darle tiempo para que Él nos diga lo que quiere de nosotros.

Oración para Habladores Anónimos & Un Taller para Reuniones de Oración
Un servicio carismático de alabanza suele estar lleno de música alegre, cantos entusiastas, alabanzas, danzas y muchas oraciones habladas. Sin embargo, en los últimos años he notado que los momentos de silencio se están reduciendo. A menudo son reemplazados por música de alabanza prolongada o por un estilo de adoración tipo concierto de rock con “características bíblicas”.
En el otro extremo, los grupos con pocos músicos a veces caen en reuniones completamente habladas:
• Música de alabanza y cantos
• Oraciones verbales interminables
• Compartir bíblico con conversaciones sin parar en grupos pequeños
• Largas predicaciones o clases de catecismo
• Y terminan con otra ronda de “hablatón” de oración
• El único momento de silencio es durante los refrigerios… ¡aunque incluso allí casi nadie deja de conversar!
Tal vez soy solo un introvertido, pero recuerdo los años 80, cuando la Renovación Carismática se extendía por todo el mundo. Las reuniones de oración eran lugares donde uno realmente podía encontrarse con Cristo y con el Espíritu Santo. Había un equilibrio saludable entre la adoración entusiasta y la escucha silenciosa. También se animaba a tener un tiempo personal de oración en silencio como parte de vivir una vida en el Espíritu.
No intento introducir un nuevo formato en este mini‑taller. Solo deseo compartir lo que se practicaba hace décadas, prácticas que ayudaron a que la Renovación Carismática fuera una fuerza transformadora en el cristianismo.
Una Estructura Equilibrada Sugerida para la Oración en Grupo
• Adoración
Así comienza la reunión. La alabanza alegre, los cantos y la danza preparan el ambiente para la oración. Muchas tradiciones espirituales hacen lo mismo: el judaísmo tiene la danza davídica, el sufismo tiene a los derviches giradores, y en el hinduismo y el sijismo existen los bhajans y el kirtan. La alabanza entusiasta involucra el cuerpo y prepara el corazón para la obra silenciosa del Espíritu.
• Contrición
Un tiempo para el autoexamen y la confesión interior ante Dios. Con música suave o una oración guiada, este momento se vuelve silencioso y reflexivo. El Movimiento de Cursillos en la Iglesia Católica promovió mucho esta práctica en los años 60, aunque con el tiempo se fue perdiendo.
• Invocación del Espíritu Santo
Una vez “limpiado” el templo interior, invocamos al Espíritu Santo con himnos suaves o cantos de invocación. Hoy en día, muchos grupos pasan directamente de la alabanza a orar en lenguas sin un momento previo de silencio o purificación interior. Después de invocar al Espíritu, debemos darle tiempo a Cristo y al Espíritu para construir el puente interior por el cual hablan. Tras un silencio suficiente, quienes reciban un mensaje para el grupo pueden compartirlo; otros pueden orar o cantar en lenguas; y algunos pueden permanecer en silencio para interpretar lo que el Espíritu está diciendo a través del grupo.
• Reflexión Bíblica
Después de que el fuego del Espíritu desciende, este es el momento ideal para reflexionar sobre la Escritura. Algunos grupos hacen compartir bíblico. En ambientes católicos, a veces los líderes temen que el compartir espontáneo produzca enseñanzas fuera de la doctrina oficial. Una alternativa es la meditación silenciosa de la Escritura - "Lectio Divina". Los participantes leen el pasaje, reflexionan en silencio y escuchan lo que el Señor quiere decir. Algunos pueden visualizar la escena bíblica, entrando en ella como si viajaran en el tiempo, algo parecido a la serie animada “Superbook”. En tradiciones indígenas, esto se llama “búsqueda de visión” o path‑working. Después del silencio, quien reciba un mensaje (no es un mensaje personal) puede compartirlo; si no, el silencio también es oración.
• Acción de Gracias
Después de recibir la inspiración del Espíritu, damos gracias a Dios por sus bendiciones —las recibidas en la reunión y las de la semana. Puede hacerse en voz alta o guiado por el líder.
• Súplica
Aquí presentamos nuestras peticiones al Señor, ya sea en voz alta o en silencio. El líder puede guiar al grupo para orar por necesidades urgentes, como sanación.
• Alabanza Final
La reunión concluye con cantos de alabanza, adoración y agradecimiento.
La Importancia de Escuchar la Voz de Dios Hoy
En nuestra época actual, existen afirmaciones contradictorias sobre la verdad espiritual. Hay verdades, medias verdades y desinformación abierta. También circulan viejas teorías que dicen que las Escrituras fueron escritas únicamente por una institución influenciada por un imperio político. Como discípulos de Cristo, estamos llamados a la obediencia espiritual (obediencia al Espíritu Santo o al Señor), no necesariamente a la obediencia institucional. Por eso, una línea directa con el Señor es más necesaria que nunca. El Espíritu Santo es como la técnica de redes o la ingeniera del cableado espiritual, pero solo puede actuar si aprendemos a escuchar en silencio.
Conclusión
Al celebrar la Navidad y cantar “Noche de Paz”, recordamos que Dios suele venir a nosotros en silencio. El Espíritu Santo puede moverse con poder en la alabanza alegre, pero también habla en el susurro suave que solo se escucha cuando el corazón se aquieta. Una vida espiritual sana - y una reunión de oración sana - necesita tanto fuego como silencio, tanto entusiasmo como escucha.
Si queremos oír la guía de Dios, recibir su consuelo y discernir su voluntad, debemos aprender a hacer una pausa. El silencio no es ausencia de oración; es el espacio donde la oración se convierte en comunión. Es la noche de Belén del alma: simple, humilde y abierta, donde Cristo nace dentro de nosotros una y otra vez.
Que redescubramos el equilibrio sagrado entre alabanza y quietud, ruido y silencio, canto y silencio. Y que la suave voz del Espíritu Santo encuentre espacio para hablar en nuestros corazones, así como Cristo encontró espacio en el silencio de aquella primera noche santa.
¡Alabado sea el Señor Jesucristo!
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Gracias por el arte gráfico utilizado:
Silhouette nativity scene from Freepik.com , https://www.freepik.com/free-vector/silhouette-nativity-scene_11430262.htm (Image was edited)